NAHUIZALCO
El municipio de Nahuizalco está situado a 6,5 kilómetros al Norte de la cabecera del departamento de Sonsonate y a 72 km. de la capital nacional (San Salvador) Tiene una elevación de 545 metros sobre el nivel del mar y una temperatura promedio de 28 grados centígrados. Su precipitación pluvial se encuentra entre 2.000 y 2.400 mm. La topografía del municipio es bastante accidentada pues comprende estribaciones de la sierra Apaneca-Illamatepec.
Posee un alto porcentaje de tierras fértiles y la población se aboca a la agricultura. En la región montañosa del norte generalmente se cultiva Café. Los terrenos más bajos se aprovechan para las siembras de granos básicos (Maíz, Frijol, Arroz, Maicillo), hortalizas, frutas y algunas fibras vegetales. También existen pastizales y crianza de ganado vacuno, porcino y equino. Los numerosos ríos por los que está bañado favorecen también el cultivo de Tule, Bambú y Carrizo, materias primas que sirven para hacer petates, alfombras y canastos, que son las principales artesanías locales. Nahuizalco es reconocido como uno de los principales centros artesanales del país por la elaboración de artesanías de madera, mimbre, caña, tule y junco.
La población del municipio, censada por la Dirección General de Estadísticas y Censos en 2007, fue de 49,801 siendo el 51.72% mujeres. El estudio destaca el notorio proceso de urbanización con una población urbana del 68.44%. Esta tendencia ha conducido a que el Mapa de Pobreza de El Salvador (2006), Nahuizalco se ubique entre los municipios en condición de pobreza moderada.
Sin embargo, ello contrasta con lo reflejado por el informe 262 (2006) que indica que en el municipio la población por debajo de la línea de pobreza es del 59.3%, con un 26% de población en pobreza extrema y un 33.3% en pobreza relativa.
En Nahuizalco, la relación periferia-centro es fundamental, por ser el casco urbano el centro neurálgico del municipio. El municipio posee una relación indisoluble en dos direcciones, la primera con la cabecera departamental, es decir, con la ciudad de Sonsonate por ser un centro de servicios con mayor desarrollo y el más cercano. Y la segunda con la Ruta de las Flores, cuyo corredor identificador enlaza cinco poblados, incluyendo a Nahuizalco. Los municipios adicionales que integran este circuito turístico son Salcoatitán, Juayúa, Apaneca y Concepción de Ataco.
Como en el resto de municipios del país, el gobierno local de Nahuizalco lo ejerce un concejo municipal, y en los cantones y caseríos se encuentran líderes/as comunales, distintos comités locales y asociaciones de desarrollo comunitario. En el ámbito local, y sobre todo en zonas rurales, la participación de las mujeres se ha ido incrementando participando cada vez más en actividades comunitarias, en comités de mujeres, en gremios y en comités de desarrollo local.
El municipio de Nahuizalco es reconocido como uno de los principales centros artesanales del país por la elaboración de productos de mimbre, caña, tule, palma, junco y madera. Las artesanías, especialmente en fibras vegetales, han sido realizadas por la población local desde tiempos ancestrales. La fabricación de petates, canastos, tumbillas y otros enseres de uso doméstico constituye en la actualidad su más importante patrimonio cultural.
Históricamente en la organización económica-productiva de los pueblos precolombinos del llamado “Reino de Cuzcatlán”, Nahuizalco ocupaba un destacado sitio por las habilidades de sus habitantes para producir petates y cestería en general, ya que eran los recipientes en los que se recolectaba, trasladaba y almacenaba las cosechas.
La conquista por los españoles que tuvo tan variada y amplia influencia para la vida de los pueblos autóctonos de El Salvador, y Nahuizalco en particular, no cambió la producción artesanal, más bien una vez sometidos los pueblos aborígenes, los españoles procedieron a la explotación económica del territorio y sus habitantes.
Así la fabricación de artesanías de fibras naturales de los/as nahuizalqueños/as tuvo incluso una mayor demanda durante la conquista por las necesidades de contar con los productos de cestería y otros, dado que los conquistadores no viajaban con todo el menaje necesario para suplir algunas necesidades.
En la actualidad, Nahuizalco muestra costumbres indígenas muy arraigadas, pues casi el 80% de sus habitantes es de origen indígena (etnias Nahuat-Pipiles), aunque es evidente el notorio proceso de mestizaje (como en todo el resto de El Salvador)
En la población de Nahuizalco con tanto peso de población con origen indígena, la diferencia racial aún es muy marcada y se observan dos sectores claramente definidos: el de origen ladino y el de origen indígena. Las huellas de esta segregación racial se encuentran hoy en día reflejadas, en que las familias de origen ladino habitan en el centro urbano de la ciudad y son propietarias de terrenos, establecimientos comerciales, talleres, etc.; y desde la conquista han asumido las posiciones de autoridad y ejercen el gobierno local.
Las familias de origen indígena habitan en las afueras de Nahuizalco, en la zona rural, en terrenos de topografía accidentada y que en su mayor parte carecen de servicios e infraestructura básica.
Con algunas raras excepciones, la población indígena habita en los tradicionales ranchos de paja, con paredes de bahareque y adobe, piso de tierra, generalmente sin ventanas y constan de una sola habitación; la cual tiene multifunción ya que se realizan en ella casi todas las actividades de la familia como trabajar, cocinar, dormir, recibir visitas, albergar a los animales domésticos, etc.
Estas viviendas son muy anti-higiénicas y con frecuencia se lamentan accidentes de quemaduras en los/as niños/as pequeños/as y algunos incendios de las viviendas cuando azotan los vientos. Son pocas las familias que tienen la cocina en una habitación separada y que han adoptado el fogón en alto, denominado cocina de poyetón. Esto se observa mayoritariamente entre la población ladina.
En general, en el municipio el déficit habitacional es un problema grave que afecta a la población. Según el informe 262, con el 93% de déficit el municipio se encuentra en el lugar número 12 dentro de los 50 municipios del país con mayor déficit habitacional de El Salvador.
Gran parte del sector indígena carece también de servicios sanitarios y se observan problemas de hacinamiento y promiscuidad en la vivienda indígena, debido tanto a la estrechez de las construcciones como a la influencia de algunas costumbres.
El arraigo de la cultura nativa es tan profundo, que a finales del siglo XIX las aldeas indígenas mostraban aún el modo de vida de los pueblos nahuas, manteniendo su lengua madre, sus trajes, su modo de producción, sus creencias espirituales y religiosas.
Sin embargo hay que señalar también que desde la conquista, la población indígena de Nahuizalco como el resto de los pueblos aborígenes americanos, al ser sometidos y perder el poder sobre sus territorios, han ido perdiendo paulatinamente sus tierras, su patrimonio y su identidad cultural. Un ejemplo de ello es su lengua Nahuat (que es en realidad su lengua madre), la cual está casi extinta y es utilizada solo por unas pocas personas (adultos mayores) en el ámbito familiar.
Una de las razones históricas que ha conllevado a la casi desaparición de la lengua Nahuat y a la caída en desuso del traje autóctono de la población indígena, es la desvalorización del ser indígena, que sucedió como consecuencia de la masacre de indígenas perpetrada en 1932 por el gobierno del dictador Maximiliano Hernández Martínez. Este episodio histórico se presentó en el contexto del alzamiento de los pueblos indígenas de la zona occidental de El Salvador, quienes se habían levantado exigiendo que les fueran devueltas las últimas tierras ejidales de sus comunidades, que habían sido expropiadas por el gobierno para entregárselas a terratenientes para la siembra de café.
Este levantamiento fue cruelmente reprimido y la población indígena fue diezmada de una forma impactante ya que fueron ejecutados por miles, especialmente los hombres. Como evidencia de esto puede servir el análisis de los datos de población de Nahuizalco, que en 1930 eran 15.093 habitantes y en 1950 eran 14.227 habitantes, representando ello un decrecimiento, incongruente con la alta tasa de crecimiento poblacional del resto del país. Ello refleja que la matanza de indígenas fue muy grande (el consenso general indica que fueron más de 30.000 personas asesinadas)
Pero a la par del proceso de eliminación física de la población indígena, se generó un proceso de segregación y exclusión social, económica, política y cultural; desde el estado y el resto de la sociedad mestiza hacia los núcleos humanos indígenas que permanecieron con vida; que los ha ubicado en el último escalón de la pirámide social y que ha producido una profunda desvalorización de esta población y un auto-rechazo a su tradición cultural.
Si bien el intenso proceso de desgaste de la identidad indígena (cultural) de la población de Nahuizalco se remonta a casi un siglo, la tradición artesanal continuó en las manos y la memoria histórica de quienes sobrevivieron (mujeres)
La economía moderna de las familias de origen indígena de Nahuizalco se basa en el trabajo agrícola como jornaleros en las fincas de café de los alrededores y en la siembra, en terrenos arrendados, de los cultivos tradicionales para la subsistencia que son el maíz y los frijoles y tienen como actividad productiva complementaria la elaboración de productos artesanales (cestería) en sus casas con materiales como Tule, Carrizo, Bejuco, etc.
Actualmente casi la totalidad de las familias en la zona rural de Nahuizalco se encuentran bajo la línea nacional de pobreza, y ello en parte incide para que la producción familiar de artesanías sea a pequeña escala, ya que su capacidad de invertir en la materia prima es baja. Su misma condición de pobreza y falta de garantías financieras, no les permiten tener acceso al sistema financiero formal ni a organismos privados o del gobierno que atienden sector de micro y pequeñas empresas (PYME)
La producción artesanal de este sector está limitada en su crecimiento pues trabajan con la mano de obra de los miembros de la familia. Como resultado de este modelo de economía de subsistencia se produce un círculo vicioso de la pobreza extrema en un alto porcentaje de estas familias, que no consiguen generar acumulación.
Dada la situación de pobreza imperante, la mayor parte de población de origen indígena, se encuentran en una grave situación de exclusión y vulnerabilidad socioeconómica, sin oportunidades para el desarrollo de un amplio sector de la población especialmente los jóvenes.